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Poeta sin versos

Llegue cansado.

Después del dialogo

me acogió el silencio.

Prendí el cigarrillo.

Mientras el celaje del humo

resguardaba sus fronteras y

sus senderos.

Poco a poco…

desenvainaba mi cuerpo.

El semblante ausente que guardo en el lecho.

Perezosamente y sin refuerzos

quede desnudo ante el colchón del cuento.

Impuro hedor saciado por el vicio del sexo.

El cuento que narro hoy es el de el poeta sin versos.

Ya que regreso al centro sin despechos…

reanudando tu desembarque en mi puerto.

Desasosiego del recuerdo.

El humo sigue merodeado en tus suculentos desperfectos.

Ronda en la noche del cielo de tu pelo

los borrones creados por mis dedos en tu cuerpo.

El ímpetu del poeta sin versos renace en el firmamento.

¿Es, acaso, un fauno este aguacero de besos?

¿Es, acaso, el silencio de nuestros versos?

El ocaso se hace rojo intenso

cuando el poeta y sus versos

regresan a su puerto.

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El tesoro mas preciado…

Se lo di, y ella lo tomo…

Como seudonimo de mi amante salobre.

Se entrego

-y como se entrego-

Se entrego en tierra y agua,

Como dama y señora,

metuculosa en su pura calma.

Rafagas de puror que se fueron haciendo

en un brebaje del tiempo,

que se espumo en meses,  semanas, en dias,

en minutos que pasaron a ser  suspenso,

en el amor.

 

Su alma, su aguante, su calma…

Su escencia y su paciencia.

Esa ciencia que lo estudia,

lo observa y lo siente todo.

Que con ella solo decir volteate

y yo al volver los ojos

con su mirada a mi alma entro.

 

Entro y ella lo tomo…

-Y como lo tomo-

Lo tomo como su propio yo,

Cuentan las horas pasajeras,

que se asomo sobre el lomo de la noche,

un espeluznante ardor en mi interior

que cayó en mi lecho como pan de Dios

 

Ella me lo dio,

-Y como me lo dio-

Como tesoro, como perla,

como oro real español.

En mi pecho resguardo la marca,

el latir, el amar.

El terosro mas preciado

que hasta las canas conservo hoy.

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En una noche sin luna

phantom

En un callejón de una alejada cuidad ella me encontró. Huérfano de amor y desnutrido de poesías.En una noche sin luna ella hayo en mi un cuerpo sin sombra que poco a poco cobro vida cuando sus húmedos labios rosaron mi paladar.

Poco a poco se estreno una función del drama que nunca culmino. Entre las sombras desenvolvió su vestido,desenvolviendo a su vez la canción del ocaso cuando roso su piel con mi piel. Movimientos hechos en poesía, hechos en lírica, hechos en canción.

Mis labios rozaron su piel y su piel traspasando todos los secretos del alma. Dando a florecer lo que tanto añoraba en mi alcoba. Aquella luna que tanto la deslumbraba tardo en su salida y solo las velas tintinaban en nuestro firmamento. En una noche sin luna no fue el fantasma,  tampoco fue la dama, fue el desahogo eterno de un hombre y una mujer que se amaban sin pereza alguna iluminando de pasión aquel humilde rincón.

Rayando el alba ella beso mi boca. Llenándola de furor y ardor y fue ahí cuando me di cuenta que me tenia que marchar. Ya que en una noche sin luna ella no vio al monstruo, Vio al hombre, su semejante, su semblante desfigurado no fue freno de su amor.

Me marche, si me marche ya que en esa noche sin luna fue la ultima hora que ella fue mía antes de dar el si en el altar, a un Don bien acomodado en la alta sociedad. No lo hice por pereza, tampoco lo hice por cobardía. Lo hice por que la quiero, la añoro y aun la sigo amando.

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El Paseo

Chilo Andreu Tufi–o #99Baile de Bomba

“Al ingenio, al ingenio, al ingenio

baya que hay bomba aya en la central”

Ya son las doce de la noche, y solo se escucha un

silbido en el ingenio.

El tiempo de la zafra ya acabo y en los mas

profundos confines de mi alma

reacciona el llamado al zoberao.

Inmenso rostro de oscura noche brillado

por el canto de mil hermanos del caldo moreno.

Me someto al trance provocado por la bambula,

ritmo de melaza del negro cocorόco y del

indio bravío, marcan el baile y la subida del buleador.

A las doce y quince de la madrugada y aparece ella;

reluciente majestad del Batey, la sonrisa burlona de la noche,

destello de carboncillo estrellado del cañaveral, culipandeándole

al subidor, encaja cada minucioso piquete en el arenal.

Tengo en frente a la mujer que me destino Yemaya… señora, señorona…

reina rítmica marcada por el jornal semanal.

     

“De sol a Sol trabaja mi amada, de sol a sol en el

cañaveral, bajo la misma luna nos juntamos

y paseamos en un yubά”

 

Doce y media de la madrugada, amalgama de la noche.

Ya se ven las sombras correteando en los balcones del mayoral.

Barrunto de un masetazo anunciado, por el temblor al barril sonar.

Se ve la negritud de mil deudos grifos en el cañaveral

corriendo bajo la humeante majestad celestial,

blanca marca del carimbo en el espacio sideral.

Mi amada, retorciéndose en el batey,

convoca un aire de nostalgia ancestral.

Trance provocado por la sombra de la ceiba

colonial, esa que se planta en la simiente del arrabal

“Estoy buscando un árbol que me de sombra,

 porque el que tengo calor a mi me da”

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Fantasma de mi pasado

Te siento;

Cuando el viento de tu recuerdo me susurra tu nombre.

Te busco;

Como alma perdida en una noche de entierro.

Tu aliento;

fatal fuego lento que quema mi ser.

Recordar... No. Rehúso a tratar de volverte a enamorar.

Borrarte de mi mente y tirar al olvido.

Justamente como juguete destruido por tu ausencia, arrollado por la soledad, de una habitación sin luminosidad. Ni si quiera una lumbre para poder descansar.

Besar… Terciopelo de la noche que esconde el secreto de aquel ascensor, murmullo sin grosor de un te amo que nos ilumino más que un espectro de color.

Apiádate de mí, Soledad eterna,

que en algún momento me acogió en sus brazos un lecho de amor. ¿ Que culpa tuve de entregar mi corazón desnudo?

Soledad inútil;

una prueba fui para olvidar otro amor, hipótesis de que a lo mejor con este de aquel me olvido yo. Negación de un amor que nunca existió, un Iscariote que que a mis sentimientos manipulo.

Soledad en penumbras, amiga de mil recuerdos,

ten piedad de este compungido corazón que por un beso un ataque cardiaco sufrió, por un sentimiento que nunca existió él se entrego.

Soledad de mil castigos;

lleva contigo el sentimiento, que como la marea subio.

Ahoga contigo en el remanso eterno, la cruz que lleva mi pasión.

Fantasma de mi pasado;

lleva contigo el furor de este amor. Que ya a este Romeo su corazón… Ultimo latido dio.

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